
Una investigación ha profundizado en los mecanismos del envejecimiento y en lo que hace muy longevos a algunos animales, manteniéndoles además en tan buena forma como en su juventud hasta poco antes de morir. Los resultados del estudio explican cómo consiguen esa longevidad y su buena forma.
La investigación la han llevado a cabo
unos expertos de la Universidad Federal del Norte en Arcángel (Rusia),
el Instituto de Física y Tecnología de Moscú (MIPT) en el mismo país, y
otras entidades de China y Estados Unidos.
El equipo de Ivan Molodtsov, del MIPT,
ha presentado un modelo matemático que describe el comportamiento de lo
que se considera una red de genes. Después de analizar su modelo, los
científicos pudieron determinar la acumulación de errores en los
mecanismos que regulan los procesos celulares y como resultado de ello
pudieron evaluar las tasas asociadas de mortalidad en organismos.
Los datos obtenidos proporcionaron
pruebas de que, en la mayoría de los casos, los errores de regulación se
acumulan exponencialmente con la edad. Esto se correlaciona bien con la
Ley de Gompertz, conocida desde hace mucho tiempo, que dice que las
tasas de mortalidad (incluyendo la humana) crecen exponencialmente con
la edad.
Al mismo tiempo, los autores del estudio
han tenido en cuenta con éxito el papel de los sistemas reparadores que
corrigen errores en mecanismos bioquímicos; si están lo bastante
activos, es posible prevenir el crecimiento casi en avalancha del número
de tales errores y por tanto asegurar la longevidad tan notable que ha
intrigado a los biólogos durante tanto tiempo.
Una llamativa longevidad se da por
ejemplo en los roedores de la especie Heterocephalus glaber, que viven
muchísimo más de lo que es normal en la inmensa mayoría de los roedores
(diez veces más que los ratones y ratas comunes), y además no muestran
las señales típicas del envejecimiento. Por si fuera poco, hasta donde
se sabe, nunca desarrollan cáncer.
Dado que la esperanza de vida disminuye
normalmente con la disminución de tamaño, muchos científicos creen que
si los humanos tuviéramos los mecanismos bioquímicos que le dan su gran
longevidad al Heterocephalus glaber, viviríamos hasta una edad de varios
siglos sin experimentar el fenómeno del envejecimiento y, además, sin
enfermar casi nunca de cáncer.
Varias especies de tortuga también
poseen una longevidad notable. La conocida popularmente como tortuga
pintada mide solo unos 25 centímetros de largo, y en cambio puede vivir
hasta los 60 años, sin que aparezcan en ella señales de envejecimiento
hasta que les llega la muerte.
El fenómeno de la senescencia
insignificante (no envejecer casi nada en el transcurso de la vida
normal completa) no había sido investigado tan a fondo como ahora, al
menos en los aspectos tratados en el nuevo estudio.
Fuente: Noticias de la Ciencia y la Tecnología
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