
“Hasta que no hayas amado a un animal, una parte de tu alma permanecerá dormida“, dijo Anatole France.
Este escritor francés y Premio Nobel de
Literatura se refería al tsunami emocional que podemos experimentar
cuando compartimos la vida con una mascota y la consideramos parte de la
familia. De hecho, adoptar una mascota significa asumir una gran responsabilidad, pero también implica cuidarla y brindarle atención. Por desgracia, hay quienes no entienden el desgaste emocional que puede representar cuidar a una mascota enferma,
y cuando esa incomprensión proviene de los amigos más cercanos,
familiares o incluso la pareja, a la angustia por la enfermedad del
animal hay que sumar las peleas y las presiones.
Cuidar
de una mascota es una gran responsabilidad, pero algunas personas no
entienden a aquellas que se desviven por la salud de su mejor amigo
“La verdadera prueba moral de la humanidad, su prueba fundamental, consiste en sus actitudes hacia aquellos que están a su merced: los animales”. —Milan Kundera
El síndrome del cuidador también afecta a quienes asisten a sus mascotas
Desde hace años, en el ámbito de la
psicología se ha apreciado que las personas que ejercen como cuidadoras
de familiares que no pueden valerse por sí mismos están sometidas a una
gran presión. Estas personas comienzan a padecer una serie de síntomas que se engloban bajo el fenómeno conocido como síndrome del cuidador.
Este síndrome se caracteriza por un agotamiento físico y psíquico extremo. Como resultado de la lucha diaria contra la enfermedad, el cuidador termina agotando sus reservas físicas y mentales,
lo cual no solo genera cansancio sino también depresión, irritabilidad y
problemas psicosomáticos, como dolores de cabeza, temblores, vértigo,
insomnio o incluso ataques de pánico.
En muchos casos, la persona que ejerce
de cuidadora se encuentra asumiendo, de la noche a la mañana, una carga
para la que no estaba preparada, que suele representar un cambio drástico en su estilo de vida
y le obliga a reorganizar muchos de sus hábitos. Esa nueva situación no
solo consume sus recursos físicos y emocionales, sino también su
tiempo, por lo que poco a poco comienza a desatender otras áreas de su vida hasta llegar a desatenderse a sí misma.
Las
personas que se hacen cargo de sus mascotas enfermas encuentran muy
pocos apoyos en su entorno, lo que hace que sufran un desgaste rápido
“El hombre puede medir el valor de su propia alma en la mirada agradecida que le dirija un animal al cual ha socorrido”. —Platón
Los investigadores creen que ese nivel
más elevado de estrés y desgaste no se debe a que exista una mayor o
menor implicación emocional en los cuidados, sino al hecho de que muchas de las personas que cuidan de sus mascotas no cuentan con una sólida red de apoyo.
De hecho, algunos de los participantes confesaron “sentirse atrapados”,
no tanto por la enfermedad de la mascota y los cuidados que demandaba
sino por la incomprensión de las personas cercanas. Estas personas referían una profunda sensación de soledad
y reconocían que les afectaba no tener a nadie con quien hablar sobre
lo que les estaba ocurriendo, ya que cuando abordaban el tema muchos
cuestionaban sus decisiones o les decían que se sacrificaban
inútilmente.
Más empatía y menos críticas
Hace poco nos hacíamos eco de una
noticia sobre la concesión de una baja laboral a una empleada de la
Universidad La Sapienza de Roma para que cuidara a su perra enferma,
un caso que podría sentar un precedente legal que ayude a otras
personas en la misma situación. Sin embargo, independientemente de la
ley, no debemos olvidar que todos podemos formar parte de la red de apoyo de una persona que, por amor genuino y una firme convicción, esté cuidando a su mascota.
Todos
podemos formar parte de la red de apoyo de una persona. Aunque no
entiendas sus motivos, muéstrale tu apoyo y no le critiques
“La gente que realmente aprecia a los animales siempre pregunta sus nombres”. —Lilian Jackson Braun
En vez de criticar su decisión y añadir un estrés adicional, podemos asumir una actitud más comprensiva y apoyarle.
A veces ni siquiera es necesario hacer mucho porque, en los momentos
más difíciles, solo se necesita un hombro amigo sobre el que descansar
para recuperar fuerzas o un corazón abierto que le dé cobijo a los
temores e incertidumbres.








Muchos
de nosotros hemos sido testigos de los beneficios que una mascota puede
brindarnos, no hay como escuchar el ronroneo de un gato para
arrancarnos una 